Breves antecedentes
En términos de la juventud actual, Luis Lausell Hernández es un misterio. Supe de el cuando dirigía la entonces todopoderosa Unión de trabajadores de la industria eléctrica y riego, allá para la década de 1970. Luego se postuló para la gobernación de Puerto Rico, por el hoy difunto Partido Socialista Puertorriqueño. Pero por lo más que lo recuerdo es por un gesto nunca antes visto, en Puerto Rico. Lo que relataré, proviene de la decisión del Tribunal Supremo de Puerto Rico en Pueblo v. Lausell Hernández (1988).
Un desafío al régimen
Para la década de 1980, Lausell Hernández dejó de rendir la planilla de contribución sobre ingresos. Pero no lo hizo como un acto de deshonestidad, sino como un gesto de protesta. A pesar de ello, el departamento de Hacienda no tomó acciones punitivas contra el. La gota que colmó el vaso, sin embargo, ocurrió en abril de 1984, cuando Luis Lausell Hérnandez destruyó públicamente sus planillas, exhortó a otros a que lo emularan y retó al gobierno a que lo procesara. Y todo ello, frente al propio departamento de Hacienda. Conforme a los hallazgos del Tribunal Supremo, Lausell Hernández explicó que
su conducta fue una protesta auto-inspirada para dramatizar su señalamiento-coincidente con los del Contralor Rivera Marrero, de que en aquella época el gobierno estaba malgastando un promedio anual de $600 millones de fondos públicos en detrimento de una mejoría de las condiciones físicas de los planteles escolares y apartamentos de viviendas que sirven a la clase trabajadora del país.
Enfrentamiento con la Justicia
Fue entonces cuando el gobierno optó por procesar criminalmente a Lausell Hernández. Se le acusó por no rendir la planilla para los años 1981, 1982 y 1983. Encontrado culpable, la Fiscalía solicitó una pena severa ya que, en sus palabras, lo que Lausell Hernández hizo «evidenciaba una conducta anti social, carente de un espíritu de arrepentimiento y de ánimo rehabilitador». El tribunal le impuso una pena de tres años de presidio, pero que la condena quedaría suspendida si Lausell Hernández rendía sus planillas en 90 días. El caso siguió entonces rumbo al Tribunal Supremo.
En una decisión dividida, el Alto Foro confirmó el veredicto de culpabilidad. El Tribunal reconoció sin embargo, que no fue sino hasta que Lausell Hernández hizo su protesta pública que el gobierno optó por procesarlo. Se reconoció que sus actos constituían desobediencia civil, lo cual inspiró al Alto Foro a reducir la condena de 3 años, a 6 meses. Quedaba en pie además la opción de que Lausell Hernández no cumpliese cárcel, si rendía las planillas en 90 días.
Otros jueces disintieron. Uno manifestó que condicionar la libertad de Lausell Hernández a rendir las planillas era injusto, pues equivalía a enviarlo a la cárcel si no renegaba de sus pensamientos políticos. Otro magistrado fue más lejos aún, implicando que Lausell Hernández había sido víctima de persecución selectiva por sus creencias políticas.
El valor eterno del sacrificio
Luis Lausell Hernández falleció en el año 2018. Desconozco cuál rumbo habrá tomado su odisea legal tras la decisión del Tribunal Supremo. Lo que sí conozco, es que su gesta fue única para su época, independientemente del resultado final del caso. Un año después de la decisión del Foro puertorriqueño, en 1989, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos resolvió que quemar la bandera nacional en medio de una protesta poseía «suficientes elementos de comunicación» como para hacer inconstitucional su procesamiento criminal.
En estos tiempos oscuros y con un País en quiebra, la indignación y sacrificio de Lausell Hernández ante el despilfarro gubernamental de fondos públicos, se presenta como un evento premonitorio y aleccionador. Por todo ello, este ejemplo de valor no debe sucumbir ante el olvido.
