Como el ave fénix, y como la cigarra también: apogeo, caída y resurrección de La Casa Aboy

marzo 3, 2026
6 min lectura

Una casa en Miramar

En el número 900 de la avenida de la Constitución (antigua Ponce de León), se encuentra el Centro Cultural Ramón Aboy Miranda, mejor conocida como La Casa Aboy. Su localización privilegiada la ha hecho objeto, lo mismo de actividades culturales y artísticas por unos, que de ejercicios de codicia y de especulación por otros. La historia que aquí relataré proviene de vivencias personales, y del proceso judicial Carmen Margarita Aboy y otros vs. Casa Aboy Inc., y otros.
La Casa Aboy es una antigua residencia familiar construida a principios del siglo XX. Al cesar su uso como unidad de vivienda, la residencia comenzó a deteriorarse al punto de que en 1975 la familia Aboy decidió desprenderse de ella. Al enterarse de los planes familiares, el joven Ramón “Moncho” Aboy Miranda, decidió no proseguir sus estudios para dedicar su vida al rescate de la casa. Con el visto bueno de su familia, Moncho Aboy comenzó a invertir sus bienes en la restauración de la residencia. Esta misión se inició el 16 de diciembre de 1975.

Primera etapa de apogeo y caída

Tras acondicionar la casa, Moncho Aboy pasó a habitarla y estableció un estudio de fotografía que llamó “PL900”, pero que empezó a ser llamada La Casa Aboy. En 1977, se efectúa una de las primeras actividades, consistente en una exposición fotográfica. Para esa época se creó en La Casa Aboy, la Asociación de Periodistas.
Para culminar este renacimiento de la casa y transformarla en un centro cultural, Moncho Aboy invitó a colaborar a la señora María Isabel Almedina de Rosado, quien se desempeñaba para ese entonces como investigadora histórica para el Instituto de Cultura Puertorriqueña. La señora Almedina, universalmente conocida como Marisa Rosado, y su esposo Efraín, se convirtieron en estrechos colaboradores de Moncho Aboy en su empeño por restaurar la Casa Aboy y abrirla a actividades culturales. Al final de la década de 1970 y principios de la de 1980, los vaivenes de la época se confabularon para convertir a La Casa Aboy en uno de los principales – sino el principal – centros culturales de Puerto Rico, efectuándose allí expresiones culturales tales como exposiciones fotográficas, talleres de cine, eventos musicales e incluso actividades para los niños. Casi cuarenta organizaciones culturales tuvieron su sede en La Casa Aboy durante aquellos años. Su efervescencia superaba incluso al Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Pero no todo andaba bien. La casa sufrió los embates de litigios por su posesión, y deterioro estructural, causando su cierre como centro cultural en 1986. Enfermo, y en su lecho de muerte, Moncho Aboy, les pidió a su hermana Carmen Margarita y a su amiga Marisa Rosado, que no permitieran el cierre y destrucción de La Casa Aboy.

Segunda etapa de apogeo y caída

Fallecido su creador, las que le siguieron se dieron a la tarea de preservar la propiedad. Así, La Casa Aboy fue expropiada por el gobierno de Puerto Rico en el 1989, pasando bajo la custodia de la Administración de Terrenos. A los años de cierre sufridos por la casa, se unieron los estragos causados por el huracán Hugo en 1989. Ese mismo año, sin embargo, el inmueble fue declarado Monumento Histórico y se le incluyó en el National Register of Historic Sites del gobierno federal de los Estados Unidos. La expropiación y la declaración como monumento histórico, sirvieron el propósito de proteger a la residencia de los litigios hereditarios y la especulación inmobiliaria.
Luego, la Administración de Terrenos cedió la casa en alquiler a la entidad Casa Aboy, Inc., con la encomienda de preservar la estructura de La Casa Aboy. La restauración física de la propiedad tomó de 1990 a 1995, y su reapertura en mayo de 1995 contó con la presencia de público que incluyó al alcalde de San Juan, la senadora Velda González y don Ricardo Alegría.
Conmemoraciones como las fiestas de Cruz de Mayo, encontraron su lugar en La Casa Aboy, al igual que conferencias sobre las artes, exhibiciones de fotografía, representaciones teatrales, y fiestas de Reyes para los niños. A partir de entonces, La Casa Aboy se convirtió nuevamente en un importante centro de actividades culturales, artísticas y sociales de diversa índole, tales como exposiciones, conciertos y presentaciones de libros, entre otras.
Pero la integridad de la residencia seguía en juego. Con el correr de los años, la junta directiva de Casa Aboy Inc. dio paso a nuevos miembros que carecían de las destrezas y vocación que caracterizaron a los componentes originales. La casa cesó paulatinamente de hacer actividades y de recaudar los fondos necesarios para su mantenimiento. Se habló incluso de que la junta directiva en control de Casa Aboy Inc. tenía designios e intereses que no concordaban con los que dieron vida a la residencia como centro cultural. La situación llegó al punto de que la junta directiva de Casa Aboy Inc. expulsó a Marisa Rosado como miembro ex oficio de la entidad. La casa, mientras tanto, caía nuevamente víctima de la falta de mantenimiento adecuado y oportuno. Cesaron los eventos culturales. El deterioro era notable, tanto por dentro como por fuera.

Rescate y redención de La Casa Aboy

El 22 de junio de 2016, un grupo de personalidades de la cultura puertorriqueña, encabezados por Carmen Margarita Aboy Miranda y Marisa Rosado, presentó una demanda contra las componentes de la junta directiva de Casa Aboy Inc., solicitando del tribunal de San Juan su destitución por negligencia en el desempeño de su encomienda. Tras un largo proceso judicial, que incluyó los daños sufridos por el inmueble como resultado del paso del huracán María el 20 de septiembre de 2017, el tribunal dictó sentencia el 12 de noviembre de 2019, destituyendo a las miembros de la junta directiva y colocando el destino de la casa en manos de los reclamantes. Un inventario de la residencia plasmó el lastimoso estado en el que los reclamantes encontraron la casa. Goteras, techos destruidos, comején y hasta una escalera colgada para servir de perchero, formaron parte de los hallazgos. Las labores de restauración continúan al momento de redactar estas líneas.
Quienes pasen en estos días por el número 900 de la avenida de la Constitución, podrán apreciar una casa que simboliza, como pocas, las luchas por la preservación del patrimonio histórico y cultural, en el Puerto Rico del siglo XXI. La Casa Aboy se encuentra lamiendo sus más recientes heridas, guiada por manos amorosas que se resisten a que el legado de Ramón «Moncho» Aboy Miranda y Marisa Rosado, caiga en las garras de la especulación y el olvido. Como el ave fénix, y también como la cigarra, La Casa Aboy de nuevo renace entre restauraciones y continuas actividades culturales. Enhorabuena.

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